En Sud América en medio de la llamada Mesopotamia, tierra mágica custodiada por los ríos Paraná y Uruguay, esta la Provincia de Corrientes. Cerca de la Ciudad de Mercedes, todos los 8 de enero se reúne una multitud para rendir homenaje al Gauchito Antonio Gil en el lugar de su martirio. Vienen con su fe y su agradecimiento desde toda la Argentina y desde Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile ...
Argentina es un ser vivo que crece. Su madre es América, su padre Europa. A veces nos parecemos al padre otras a la madre, a veces a nuestros abuelos. Los gauchos fueron el primer producto de ese mestizaje original. Ellos también tienen sus arquetipos universales como aquel del ladrón bueno que roba a ricos y lo reparte entre los pobres.
Del personaje histórico poco sabemos, hay registros que lo mencionan a mediados de los 1830 y más frecuentemente entre 1850 y 1870. Se sabe que fue mártir a la manera popular, es decir la ofrenda de la vida en el eterno conflicto del individuo con la autoridad con el poder que en estas tierras frecuentemente es encarnado por la injusticia social, el personalismo, el autoritarismo y lo dictatorial.
Pero el gauchito Gil trasciende lo social, lo político, lo humano. En la memoria y en el inconsciente colectivo del pueblo el Gauchito Gil transita hacia la santidad. El gauchito Gil es promesero, es milagrero, uno le promete algo a cambio de un bien, un favor, una curación y el gauchito Antonio Gil cumple. Lo hizo con su propio verdugo. El Gauchito Gil vive en la fe del pueblo, de ese pueblo que tiene por madre a América y por padre a Europa. Y es una síntesis mágica de la mística, la religiosidad y el deseo de trascendencia de ambos mundos.
Antonio Fernández.